Trump y sus consejos de branding a Boeing

Han pasado tres meses desde que la Unión Europea, EEUU y otros países prohibieran volar al Boeing 737 Max. Los aviones de este modelo siguen en tierra a la espera de que se aprueben mejoras de seguridad en su software, mientras el grupo estadounidense ha perdido el 8% del valor en bolsa y afronta una crisis de reputación.

No voy a entrar en su plan de comunicación de crisis, ya que no es mi especialidad sino en las implicaciones que tiene esta crisis en la marca Boeing y lo que creo que debe hacer la empresa.

Donald Trump lo apuntaba en un tweet muy propio de su forma de ser. Es osado e imprudente en muchas de sus opiniones, pero creo que en este caso acierta. En su tweet reconoce en dos ocasiones que no sabe de branding, aunque muestra bastante sentido común.

En una línea aérea, la seguridad es un atributo poco diferenciador pero imprescindible. El consumidor final no elige el modelo de avión pero la línea aérea sí lo hace. Si un avión como el Max tiene esa historia de accidentes en un plazo tan breve es muy difícil retomar la confianza.

La FAA es muy rígida con los procesos de certificación y ahora también ellos están bajo sospecha. Un avión de be ser estable y la Max lo dotaron de un sistema automático para corregir la posición del avión ante una sustentación excesiva producida por la posición de sus motores. Este sistema (MCAS) era desconocido por muchos pilotos, y además no lo sabían desconectar.

Para que el MAX vuelva a tener credibilidad, tiene que ser “considerado” un avión nuevo, aunque eso es un punto difícil de llevar a cabo. No creo que Boeing pueda corregir la posición de los motores que es la que genera el problema. A lo mejor, además de modificar ese software pare que sea fácilmente desconectable puede aumentar el número de sensores de ángulo de ataque para que la probabilidad de fallo tienda a cero. Una vez modificado lo suficiente para parecer otro avión, un cambio de nombre ayudaría.

Una marca que se gana el favor del mercado puede mantenerse aunque el producto varíe muchísimo con los años. Un Seat Ibiza de 2019 no tiene nada que ver con uno de 1988. Y se llaman igual. La fantástica BMW R1200GS del 2018 tiene otro chasis y otro motor, y mil cosas diferentes a las primeras R1200GS. Pero sigue siendo un nombre lleno de asociaciones positivas. el Boeing 737 Max es tan joven que se le puede matar sin problemas.

Ford fabricó un coche llamado Pinto. El Ford Pinto tenía el depósito detrás del eje trasero y estallaba con enorme facilidad. Ford decidió eliminar esa marca y lo sustituyó por el Ford Escort.

El Ford Pinto fue ridiculizado años después en la película Top Secret en esta escena.

Un nombre bonito ayuda a posicionar adecuadamente un producto. Un Boeing Dreamliner tiene un atractivo mayor que un Boeing 787 a secas, ¿verdad? A lo mejor hacen caso al presidente.

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