Branding desde la infancia

Leí hace ya algún tiempo un libro de Daniel Pink realmente interesante. Trata de concienciar al lector de la necesidad de desarrollar unas capacidades para las que tradicionalmente no nos han educado. Todas ellas están relacionadas con el hemisferio cerebral derecho que es el responsable de la creatividad, de visualizar las situaciones en su globalidad y de manejar las emociones.

 

Durante mi carrera siempre he intentado proyectar las estrategias analíticas, generadas por el hemisferio izquierdo del cerebro de una forma emocional, capaz de estimular el hemisferio derecho. El gran Eduardo Punset divulga en una entrevista en Marca (cualquier medio es bueno para enseñar) que está científicamente demostrado que 10 segundos antes de tomar una decisión racional, nuestro cerebro emocional ya la ha tomado. No hay mejor razón para influir en las emociones.

 

Las razones por las que el autor hace una llamada a desarrollar estas capacidades son demoledoras: ser capaces de superar las tres amenazas que para nuestro bienestar nos hace lo que rebautizaré como “la triple A”: la competencia de Asia, la Automatización y la Abundancia.

 

Dicho de otra forma, si tu trabajo alguien puede hacerlo más barato en Asia, puede ser hecho por una máquina, o es algo que está presente en un mercado “hasta en la sopa”, tienes motivos de preocupación.

 

Afortunadamente el trabajo al que se dedica Soulman no está amenazado por ninguna de las tres (bueno, salvo por la “abundancia” de empresas que ofrecen lo que ellos consideran consultoría de marca a precios de diseñador junior, y la “abundancia” de clientes que se lo creen).

 

Sin embargo esto me ha hecho plantearme lo importante que es desarrollar estas capacidades como parte de la educación de las nuevas generaciones. Sin descuidar la educación de toda la vida, estimular la creatividad y la imaginación es vital para seguir siendo competitivo.

 

La imaginación permite diferenciarse entre una oferta abundante. Los ordenadores no son creativos y la creatividad aplicada a un cliente local es difícil desarrollarla desde países con culturas muy diferentes. Y además a los niños les encantan estas cosas.

 

Hace un tiempo salió en TV un niño de 2 años que se sabía todas las marcas del carrito de la compra. Antes de que mi hijo supiese leer, reconocía las marcas de coches. Todos podemos jugar a dibujar símbolos de marcas de una forma muy rupestre y comprobar cuáles son reconocidos por niños muy pequeños. Jugando a esto con los niños he comprobado cómo las marcas más sencillas son las más fáciles de recordar.

 

Si conseguimos sensibilizar a los jóvenes de hoy para que desarrollen “los nuevos sentidos” seremos un país más competitivo y nuestros sucesores en este mercado lo tendrán un poco más fácil.

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